Melodías de ayer y de hoy, que pululan entre el pop más rabioso y melódico, el soul más emocionado y salvaje, el jazz más groovy e intimista, la bossa más elegante y la electrónica más placentera.
Pues eso, que desconectamos un par de semanas, para volver con más música a mediados de Agosto.
Os dejo con esta maravilla que el grupo bostoniano Lyres nos entregaba en pleno 1985, justo cuando aquello que llamaron revival garagero explotaba con toda su intensidad. She pays the rent tiene todo lo que debe tener un buen tema de garage: energía, descaro,desfachatez, cierta rabia al cantar y una melodía demoledora. Esta es la versión, digamos que acelerada de este tema ya que posteriormente en su disco Lyres Lyres nos entregaron un versión más lenta e intensa, y con un ritmo más arrastrado muy cercano al sonido de los Them de Van Morrison
Siempre es un placer tremendamente gratificante recuperar y escuchar los viejos discos de Sam Cooke. Escuchar esa voz tan poderosa como tierna, que es capaz de revivir el sistema nervioso más adormecido. Deleitarnos con la calidez de su voz, que tan emotivamente sobrevuela cada uno de sus intensos fraseos y magistrales desgarros vocales. Disfrutar de sus exquisitas composiciones, repletas de melodías inolvidables, que amplifican la grandeza del soul, de aquel excitante soul primigenio, que volteó la historia del rock & roll a comienzos de los 60. Aquella primera definición de soul, llevada a su máxima expresión, capaz de enardecer todo tipo de pasiones, que protagoniza con descaro este fantástico disco de Cooke, publicado en 1964, sólo unos meses antes de que nos dejara, y de que el soul perdiera lamentablemente, a uno de sus principales abanderados.
Y te aseguro que Ain't That Good News es una gozada mayúscula, que te permitirá alejarte de sus tradicionales grandes éxitos, y descubrir nuevos matices en su sonido, aunque eso si, disfrutando de algunos de sus clásicos más atemporales, tal y como podrás apreciar desde su inicio, con ese espectacular arranque, que protagonizan (Ain't That) Good News, Meet Me at Mary's Place, Good Times, Rome (Wasn't Built in a Day), y Another Saturday Night, cinco joyas compuestas por Sam Cooke, que sin duda encontrarás en cualquiera de sus recopilatorios, junto a la nostálgica, descarnada e imprescindible A Change Is Gonna Come, que todo el mundo sitúa como una de sus obras cumbres, también incluida en este disco. Seis maravillas, conocidas seguramente por casi todos, que dan fe de la calidad de este disco, y que tienen su contrapunto perfecto en esos otros 6 temas que lo componen, menos conocidos y oídos, adaptaciones y versiones de otros compositores, entre los que predominan los medios tiempos de cuidadas orquestaciones, donde Cooke con cierto aire a lo “crooner” integra y modula su voz con una elegancia suprema, como en las deliciosas There'll Be No Second Time, y Home (When Shadows Fall), redescubrimientos muy recomendables, junto a ese trepidante twist titulado Tennessee Waltz (en el vídeo de abajo), y esa deliciosa tonada, de tierna acústica y envolventes cuerdas titulada The riddle song (en el vídeo de arriba) , tan ideal para susurrar en la oscuridad.
Un LP completísimo, editado en un momento en el que aún todo rondaba alrededor del single, y donde no se cuidaba en exceso el contenido de los LPs. Un dato más a su favor, ya que Cooke, siempre intentó tener el mayor control de sus producciones.
Si, volvemos. Aquí estamos de nuevo. Tras un largo paréntesis, retomamos Sensaciones Sonoras, con una ligera ansiedad por volver a desparramar sobre la música que más nos gusta. A fin de cuentas de eso se trata, ¿no? De dar rienda suelta a nuestros instintos más musicales.
Y que mejor manera de arrancar, que dejándonos llevar por esta sensual erupción de aquel acid jazz, que vió la luz a mediado de los 90. “Righteous” se llama esta pequeña delicia sonora, de sinuosos trazos jazzys y escurridiza melodía. Un instrumental de atmósfera cinematográfica, donde confluyen con suma sensualidad el jazz y el funk más groovy y elegante, aderezado con ligeros toques electrónicos, que se produjo alrededor del sello británico Acid Jazz. Sonidos deudores de aquel jazz-funk instrumental, que alumbraron Grant Green, Wes Montgomery y Roy Ayers a finales de los 60, y principios de los 70,y donde la guitarra, acompañada de una sólida base rítmica, tomaba un especial protagonismo, frente a saxos y teclados, tal y como podréis apreciar en este espléndido tema, que de The Quiet Boys, aquella banda liderada por DJ Chris Bangs, incluían en su segundo y fantástico disco del 96 titulado Bosh!
La new wave era esto. Pop-rock descarnado y visceral. Pegadizas melodías e irresistibles estribillos. Guitarras juguetonas y uooos por doquier. Un enloquecido aguijonazo a tu sistema nervioso. Un rotundo estallido de energía juvenil, capaz de revolucionar todos tus sentidos en un abrir y cerrar de ojos. Un frenesí melódico que nos dejó gemas ocultas del calibre de este maravilloso tema de The Nips, titulado Gabrielle. Una pequeña joya de ritmo contenido, que acaba disparándose, con cierto trasfondo nostálgico, en el que un enrabietado Shane MacGowan rememora aquellos tiempos de efervescencia juvenil junto a ella.
Una maravilla que vió la luz en 1979, en plena explosión nuevaolera, que no obtuvo el éxito que sin duda merecía, y que algunos coetáneos suyos consiguieron. A pesar de ello, siempre la incluiré entre mis singles favoritos de aquella época, ya que es un tema vital, rotundo y adictivo, uno de esos que nunca te cansarás de tatarear.
Los Nips comenzaron su andadura en 1977 como The Nipple Erectors, un combo de aguerrido punk rock, capitaneado por un jovencísimo Shane MacGowan, si el mismo que años más tarde triunfaría con The Pogues. Tras un single sin demasiado éxito, publicado en 1978 (King of the bop), deciden cambiar de nombre, convirtiéndose en The Nips, y amortiguar algo su energía dando un toque algo más pop a su sonido, para entregarnos dos nuevos singles All the time in the world y Gabrielle, con el que consiguen desde mi punto de vista conjugar en menos de tres minutos todo lo bueno que apuntaba la new wave. Dos singles con los que cerraron su carrera ante la falta de éxito. Estábamos en 1979 y The Nips conseguían un sonido irresistiblemente melódico y rebelde. La respuesta británica al sonido que los Beat de Paul Collins esbozaban en su fantástico primer disco, al otro lado del Atlántico. Una auténtica gozada que no deberías perderte.
Publicado en UK, noviembre de 1979 por el sello Chiswick Records.Producida por Stan Brennan
Letra:
Let's go down to the old West End Where we used to go when you were my girlfriend Take the 73 to the city With you sitting there, looking so pretty I'd take you where you could shake it down, now To the rocking part of town
A shake it up A shake it up A shake it up A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle
Let's down to the old West End Where we used to go when you were my girlfriend Take a seven and breeze through the city With you sitting there, looking so pretty And though you never once gave it away I can still remember those crazy days We'd dance all night and sleep all day In the old West End everybody was dancing Dancing, Ow!
And though you never once gave it away I can still remember those crazy days We'd dance all night and sleep all day In the old West End everybody was dancing Dancing, Ow!
Do you remember? Ohhh Do you remember? Ohhh Do you remember? Ohhh Do you remember? Do you remember?
A shake it up A shake it up A shake it up A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle
Nunca me cansaré de reivindicar a este tipo, que casi como quien no quiere la cosa, ha esculpido a lo largo de los últimos 30 años, bien con Mamá o en solitario un buen puñado de las mejores melodías realizadas por aquí, de eso que llamamos pop rock, y además en castellano.
Y para muestra, y mientras esperamos con cierta ansiedad alguna nueva entrega suya o de los renovados Mamá, aquí os dejo está pequeña joya titulada 29 escalones, una de esas nostálgicas y punzantes viñetas en las que José María Granados disecciona perfectamente esa incomprensión e incomunicación que suele rodear una relación de pareja ya algo deteriorada. Una bocanada de pop por la cara, melódico y efectivo, que recuperamos del disco que editó para Rock Indiana en el 2007, titulado En Madrid.
Es curioso, pero a pesar de que tenían toda la frescura y exuberancia vocal de los mejores grupos vocales, y el respaldo compositivo y sonoro de la factoría Motown en su período de esplendor, a los Spinners se les resistió el éxito durante casi toda la década de los 60, en la que militaron en la compañía de Berry Gordy, y realmente no consiguieron ventas importantes, ni un merecido reconocimiento como una de las mejores grupos vocales del uptown soul , hasta que abandonaron Motown por Atlantic a comienzos de los 70, y comenzaron su exitosa alianza con el productor y compositor Thom Bell. Puro derroche de exquisitez vocal y sofisticación sonora.
Pero eso es otra historia, bastante exitosa por cierto, y muy diferente de la que ahora nos ocupa: sus comienzos en Motown de la mano de otro compositor y productor de renombre, Harvey Fuqua, que años más tarde se asentaría en el olimpo del soul junto a Marvin Gaye, con quién colaboró en los que serían sus mejores discos.
Pero bueno, seguimos desviándonos. Centrémonos en los Spinners, o más bien en los Detroit Spinners, nombre con el que los rebautizaron para diferenciarlos de un grupo de folk británico de los 60. Centrémonos en su música, en su elegancia sonora y en el poderío vocal que atesoraban. En la emoción que contagian y ¡qué narices! en lo buenos que son los temas que se incluyen en este fantástico recopilatorio, titulado Detroit Spinners – Essential Collection . Una excitante dosis de soul en estado puro, y una apoteosis del mejor sonido Motown que no deberías perderte. Definitivamente Bobbie Smith, Billy Henderson, Henry Fambrough, Pervis Jackson, y G.C Cameron, merecieron mucho más en su etapa Motown. Diez años en los que únicamente rozaron el éxito con la irresistible It's a Shame, una maravilla de ritmo contenido, cálidos coros y elegantes arreglos, dominada por una espectacular y desgarrada interpretación vocal a cargo de G.C Cameron, que anticipa mucho de lo que en los 70 sería el sonido Philadelphia. Una joya que a muchos nos serviría para descubrirlos, y ahondar en un catálogo prácticamente desaparecido, hasta que el sello Universal se decidió a reflotar el catálogo de Motown a finales de los 90.
Y así es como dimos con esta adictiva recopilación de los Detroit Spinners en su etapa Motown, un primoroso ejercicio de soul vocal de elegantes y seductores arreglos, donde encontramos además de la ya mencionada It's a Shame, baladas desgarradas próximas al “doo wop” como That's what girls are made for (1961) y Where is that girl (1966), emotivos medios tiempos de elegante línea melódica como Together we can make such sweet music (1970), o In my diary (1969), y enérgicos llenapistas de pegajoso ritmo como (She'sgonna love me) at sundown (1968), For all we know (1967), Cross my heart (1967), I just can't help but feel the pain (1968), I'll always love you (1965) y el clásico de la escena northern soul Sweet Thing. Quizás se quedaron a medio camio entre los Temptations y los Four Tops, y Motown no supo encontrarles el hueco que merecían entre sus primeras figuras. Una estrategia fallida que sin embargo nos dejó un repertorio sin desperdicio, que ahora podemos disfrutar.
Si señor, ahí siguen estos chicos erre que erre, con su pop bucólico y elegante, de irresistibles trazos clasicotes y sorprendentes melodías, demostrándonos que son una de las mejores propuestas de hoy en día, para saborear exquisitos retazos de aquel pop crepuscular y algo nostálgico que deslumbró a finales de los 60. Porque os aseguro que esta pequeña maravilla titulada Shame, shame vuelve a ser toda una conjunción de magia y precisión melódica. Un perfecto conglomerado de rotundas canciones pop, generadoras de intensas emociones, elaboradas con la ya habitual maestría que este combo de Philadelfia demuestra disco tras disco.
Dr Dog son especialistas en modelar melodías imposibles, repletas de matices e insospechados giros, con atractivas armonías vocales. Un elegante tratado sonoro, que deambula entre lo nostálgico y bucólico, y que a pesar de tener sus raíces en clásicos como los Beatles y los Beach Boys de finales de los 60, mantiene su propia ideosincrasia, mostrando todo su potencial en este estupendo Shame Shame, que vuelve a estar poblado de pequeñas gemas del mejor pop, como por poner algunos ejemplos Where'd All The Time Go?, Station, Unbearable Why, Shadow people(vídeo), Shame shame, y Jackie Wants A Black Eye, donde las guitarras, el piano, las palmas y las armonías vocales comparten protagonismo, con esas rotundas melodías de las que ya hemos hablado.
Atrás quedaron sus artesanas primeras grabaciones en mesas de 24 pistas, rotundas y embaucadoras viñetas de ese pop sincero, nostálgico y descarnado, que pobló sus primeros discos para el sello Park the Van, los fantásticos mini-LPs Easy beat (2005) y Taker and Leavers (2006), y ese glorioso We all be long (2007) que confirmaba con creces todo lo apuntado, y que daría paso a esa maravilla de orfebrería pop titulada Fate, de la que ya hablamos por aquí, y que les consegraría definitivamente en 2008, ya con un sonido más pulido, y digamos “profesional”, que podría abrirles las puertas de escenarios algo más poblados sin perder un ápice de su frescura inicial. Shame, shame es el primer disco que la banda de Scott McMicken graba fuera de Philadelfia, y de su sello de toda la vida, Park the Van, pero afortunadamente en su estreno del 2010, para el sello Anti, mantienen intactas sus señas de identidad, aunque con un sonido más cuidado que quizás pueda abrirles las puertas de un público más amplio. Algo que merecerían totalmente, ya que Shame, shame es otro disco irresistible de estos chicos, que te atrapará desde la primera escucha.
Sin duda, Dr Dog ya han alcanzado el olimpo de Sensaciones Sonoras, convirtiéndose en uno de nuestros grupos de referencia.
Better things to do es una pequeña gozada de soul primigenio, irresistible al tacto y de irrenunciable baile. Sharon Jones desnuda cada sílaba con su voz carnosa, y desgarrada, mientras los Dap Kings juguetean con su ritmo bacilón de cierto sabor jamaicano. Suena fresca, orgánica y auténtica. Invita a bailar y es tremendamente pegajosa. Irresistible quizás. Si, ya lo sé, algunos diréis que es un cliché de otros tiempos, “retrosoul” o algo similar, y que no aporta nada. ¿Que no aporta nada? Tres minutos y medio de pura intensidad emocional esparcida por la pista de baile. ¿Te parece poco? Seguro que dentro de unos años esta pequeña joya se intercala con total normalidad entre algún que otro incunable de Irma Thomas y Fontella Bass.
Por cierto, si te gustó no dejes de escuchar I Learned The Hard Way, el album que Sharon Jones & the Dap-Kings, publicaron en el pasado 2010 y donde se incluía este fantástico Better things to do.